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Estación VIII


Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén


Vía Crucis - Estación 8


      (Lucas 23.27) Los seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén! no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?» Con él llevaban también a otros dos malechores, para ser ejecutados.



      Jesús se conmueve ante las lágrimas de algunas piadosas mujeres y les dice dulcemente: "No lloréis por Mí, sino llorad por vosotras y por vuestros hijos".
      Si lloraban las mujeres, ¡Cuánto más lloraría su pobre Madre, la Dulcísima Virgen María. Su dolor era a la medida de su Amor.
      Los enemigos se reían, se burlaban, lo mismo de los tormentos de Jesús como de las lágrimas de los que lloraban.
      Lágrimas de verdadera contrición quiere de nosotros Jesús; lágrimas que antes suban del corazón que bajen de los ojos. Quizás lloramos por haber perdido un objeto o a una persona amada, y no lloramos el haber perdido al mismo Dios.
      Si Jesús padece tanto por nuestros pecados, ¿que le espera al pecador obstinado?


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Ultima modificación: 04/2003
A.M.D.G.