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Estación VII


Jesús cae por segunda vez con el Rostro en tierra


Vía Crucis - Estación 7



      (Is. 53.4) Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él, y por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca. Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. Se le dio un sepulcro con los malechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca.



      Las fuerzas iban debilitándose y cayó Jesús por segunda vez. A esta caída sucedieron nuevos insultos y nuevos golpes. Aquellos verdugos ensañaron más contra Jesús toda su crueldad.
      Esta segunda caída renovó el dolor del Inmaculado Corazón de María; y más, al ver que no podía prestar a su divino Hijo ningún auxilio.
      N el menor resto de humanidad conservaban los enemigos en sus corazones, complaciéndose cruelmente en las humillaciones y tormentos de la divina Víctima.
      ¿No has caído más de una vez en pecado? Así paga Jesús tus repetidas caídas. ¿Y querrás volver a pecar?


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Ultima modificación: 04/2003
A.M.D.G.