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Estación I


Jesús es condenado a muerte.


Vía Crucis - Estación 1

      (Mateo 26.57) Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.
      Los Sumos Sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poderlo condenar a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente se presentaron dos que declararon: «Este hombre dijo: "Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días"».
      El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «¿No respondes nada?¿Qué es lo que éstos declaran contra Tí?». Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: «Te conjuro por el Dios Vivo a que me digas si Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús respondió: «Tú lo has dicho. Además les aseguro que verán al Hijo del Hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo». Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: «Ha blasfemado.¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oir la blasfemia. ¿Qué les parece?». Ellos respondieron «Merece la muerte».
      Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciendo: «Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó».
      (Mateo 27.11)Jesús compareció ante el gobernador y este le preguntó. «¿Tú eres el rey de los judíos?». El respondió: «Tú lo dices». Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que declaran contra Tí?». Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador.
      En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: «¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?». El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en su tribunal, su mujer le mandó decir: «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho».
      Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la paalabra, el gobernador les preguntó: «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?». Ellos respondieron: «A Barrabás». Pilato continuó: «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?» Todos respondieron: «¡Que sea crucificado!» El insistió: «¿Qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: «¡Que sea crucificado!».
      Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.» Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos». Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para fuera crucificado.



      Jesús es inocente y lo testifica el mismo juez Pilato. Ha hecho bien a todos, ha enseñado su santa doctrina, ha dado ejemplo de todas las virtudes, ha hecho muchos y grandes milagros. Y sin embargo es condenado a muerte y muerte de Cruz.
      ¡Qué dolor sentiría en su Corazón María al oir los gritos del populacho, al saber que Jesús ha sido condenado a muerte por Pilato!
      Una alegría satánica recibió el pueblo judío al oir la injusta sentencia. También hoy Jesús tiene enemigos que le condenan y persiguen.
      ¿Has hecho alguna vez traición a tu conciencia?¿Sigues a Jesús?
      Sé devoto de la Pasión de Jesús. Sé devoto de los Dolores de María


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Ultima modificación: 04/2003
A.M.D.G.